De lobos, política y posverdad

Fotografía de Josu Ortega

Fotografía de Josu Ortega

En la novela 1984, George Orwell describió con maestría una sociedad enferma, sometida a la vigilancia permanente de un gobierno autoritario y despótico que se dedicaba a degradar el lenguaje para dificultar el libre pensamiento de la ciudadanía, así como a reescribir la historia a su antojo y a difundir noticias falsas simplemente porque le convenía, para confundir a la población y poder mantener su dominio. El gobierno usaba un lenguaje engañoso, llamando por ejemplo Ministerio del Amor a un lugar donde a la gente se la torturaba y después era ejecutada sin piedad. Cuando se firmaba la paz con un bloque de países con el que se había estado guerreando, y se declaraba una nueva guerra con otro bloque distinto, se cambiaban todos los textos de historia, todas las noticias publicadas sobre la guerra acabada, y cualquier cosa que recordara que se había estado en guerra con ese bloque. Ahora el enemigo era otro y había que dar la impresión de que siempre se había estado en guerra con el nuevo enemigo, olvidando al anterior. En una sociedad así, y con un gobierno así, los derechos de la gente, y la verdad, son lo último que importa. Sólo importa la dominación y el engaño. Y su principal instrumento: la posverdad.

Por esta razón es tan grave el uso de la posverdad, el falseamiento de la realidad y la ignorancia de cómo son las cosas… de verdad. La posverdad es enemiga del conocimiento, porque es enemiga de la realidad. Porque al final, la posverdad sólo sirve para defender oscuros intereses y, a la postre, una sociedad y un gobierno autoritarios. Así, por ejemplo, hay que ponerse en guardia cuando un partido político propone, en Aragón, declarar al lobo como especie exótica invasora, y cuando un colectivo social declara, tajantemente, que la presencia del lobo es incompatible con su actividad económica (esto es, la ganadería). Porque ambas afirmaciones son radicalmente falsas, y por tanto están haciendo uso de la posverdad. Algo parecido ha ocurrido también en Asturias, y en Ávila, y en otros lugares. Pero ya sabemos a quién sirve la posverdad, qué tipo de partido y de gobierno la utiliza, y a qué tipo de sociedad indeseable lleva su uso. Nos lo enseñó Orwell.

El lobo es sólo un ejemplo, pero es un ejemplo muy claro e ilustrador. Parece que no importa lo más mínimo que la Ciencia haya demostrado hace tiempo que el lobo en España es una especie autóctona de las de “toda la vida”, muy lejos por tanto de ser una exótica invasora, como puedan serlo las cotorras, las carpas o los mapaches. De hecho es algo que sabe todo el mundo. Y por eso es inédito e inaudito, para quien le importa la verdad, que el Partido Popular de Aragón haya hecho semejante propuesta. O son unos ignorantes de tomo y lomo, o hacen uso de la posverdad para engañar a la gente y atraerse falazmente unos cuantos votos de los ganaderos. Peligroso e irresponsable en cualquier caso. Y tampoco parece importarle a algunos ganaderos (pero no a todos, y esto es importante), que también la compatibilidad entre la presencia del lobo y la actividad ganadera esté ampliamente demostrada. Pero claro, la verdad no es lo que importa.

Aunque en la práctica parece que tampoco importa la Ley. Podría hablarse, quizá, de una suerte de “posverdad legal”. La Ley prohíbe matar lobos al sur del río Duero, pero la verdad es que se matan lobos al sur del Duero. Y lejos de condenar la violación de la normativa vigente, y hacer todo lo posible por perseguir y castigar a los culpables, el Partido Popular en el Gobierno de la Nación se dedica a ir a Bruselas a pedir que se flexibilice la Ley, que es europea, para poder matar lobos legalmente al sur del Duero. Según el Gobierno y la señora Ministra del ramo, empieza ya a haber muchos lobos al sur del gran río. Poco importa que los lobos del sur de Portugal y los que quedaban en Andalucía prácticamente se hayan extinguido, que el número total de lobos y manadas no sea elevado, y que la especie no se esté recuperando en España como a veces se dice, o como sería deseable desde un punto de vista ecológico y científico. Pero es que la verdad, o la Ciencia, no importan. Importa una realidad tergiversada, falsa, impostada. Importan los intereses del momento, nada más. Es la política de la posverdad.

De hecho, el mismo partido que en Aragón proclama que el lobo es una exótica invasora, y que por tanto debería ser eliminada, es también el que en el Congreso quiere modificar la Ley para permitir que haya exóticas invasoras en el campo y en los ríos, como el arruí y las truchas arco iris (en este caso por defender los intereses de cazadores y pescadores). La contradicción no puede ser más flagrante. Pero es que en la política de la posverdad la coherencia tampoco importa. Es el mismo partido que en Madrid aprobó, utilizando lenguaje orwelliano, la Ley de Vivienda Rural Sostenible, cuando la verdad es que la vivienda en el medio rural, alejada de los núcleos urbanos, casi nunca es sostenible (y para abundar en la incoherencia, o en la arbitrariedad, el mismo partido votó después a favor de su derogación… las cosas que la posverdad nos hace ver). O el mismo que desde el Gobierno de la Nación modificó la Ley de Costas “para proteger mejor las playas”, cuando lo que hizo realmente fue desproteger el 80% de las playas.

Por todo esto es por lo que hay que acudir a las manifestaciones por la protección legal del lobo en todo el territorio español, como la del 18 de marzo. Porque los lobos ni son ni serán nunca muchos, ya que los grandes depredadores se mueven en territorios muy grandes y por tanto su densidad de población siempre es baja, con pocos individuos. Y porque su conservación a largo plazo en España no está garantizada, en absoluto. Pero no sólo por esto hay que acudir a las manifestaciones por el lobo, también porque reivindicando su protección se defiende la verdad del lobo y, por tanto, la verdad. Porque se reivindica la importancia de la verdad y el conocimiento en Política, que es la base de cualquier Democracia madura y auténtica.

Porque al final, proteger al lobo es proteger la Democracia, ya que protegiendo al lobo se desautoriza la política de la posverdad. En definitiva, hay que proteger al lobo para evitar que un día, como nos contó Orwell, la sociedad enferme y un Gobierno autoritario inaugure un Ministerio del Amor delante de nuestras narices, gracias al uso masivo de la posverdad. Hay que defender la Política basada en la realidad, hay que defender la Democracia auténtica y para eso hay que defender la verdad y, por tanto, hay que defender y proteger al lobo. Porque la verdad es que lo necesita.

 

 

Artículo de Jorge Lozano

Doctor en Biología. Experto en Ecología Animal, Biodiversidad y Conservación de la Naturaleza. Ha sido consultor en Medio ambiente y profesor universitario de Zoología, Ecología y Biología de la Conservación

@JLozano_equo

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